Sangre del Devora-Dioses, de Noah van Nguyen [Resumido]

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Parte 1

Heldanarr Fall, caudillo de guerra del pueblo Yrdun y señor de los dominios de Cardand y Bharat, experimenta un profundo vacío existencial tras su victoria en Candip, sintiendo que su vida carece de propósito a pesar del inmenso poder alcanzado bajo la influencia del dios rojo. Esta apatía se interrumpe cuando encabeza a sus treinta Caballeros Ceniza, liderados por Muure, hacia la Colina de Horf para erradicar a las fuerzas de los Vvelks. Su líder es Yesurga, un antiguo rival que, tras sobrevivir a una expedición castigada brutalmente por Heldanarr, fue transformado por el dios de la desesperación en el Presagiador, asolando el Valle Ardiente de Cardand durante cuatro meses. Durante el asalto a la fortaleza, Heldanarr desata su poder carmesí regenerativo en un brutal combate cuerpo a cuerpo contra Yesurga, cercenándole los dedos y derrotándolo. Ante el cadáver agonizante del líder Vvelk y la aniquilación de sus guerreros, Heldanarr reafirma su trágica e implacable identidad como el Hijo del Devora-Dioses.

Al inspeccionar las ruinas de la fortaleza, Heldanarr escucha sollozos y descubre a dos bebés recién nacidos de Yesurga ocultos en un moisés. Aunque su deber marcial y el mandato del dios rojo le exigen ejecutarlos, Heldanarr experimenta un brote de piedad al mirarse reflejado en sus ojos y recordar su propia infancia arruinada. Decidido a protegerlos, traslada a los niños a Carnd-Ep y rechaza la advertencia de la sacerdotisa Tominer, quien insiste en matarlos por misericordia. Para resguardarlos de Kaddarar la Buscadora, una letal berserker y profeta, Heldanarr custodia su salón durante ocho días. Cuando Kaddarar irrumpe en sus aposentos, Heldanarr la enfrenta desarmado y amenaza con exiliarse para siempre antes que permitir su ejecución. Conmovida por su postura, Kaddarar mece a la niña y Heldanarr los nombra Velekkah y Plako, en honor a los mitológicos héroes Yrdun que salvaron a sus ancestros. Heldanarr le explica que los criará bajo el código de Yrdoval para enseñarles a dominar la fuerza divina, logrando que Kaddarar se una a su propósito de forjar un mundo mejor para ellos.

Con la ambición de construir ese futuro, Heldanarr emprende una feroz expansión imperial que unifica a los clanes y casas de Cardand y Bharat. Durante este proceso, ordena excavar la Gran Calzada en Carnd-Ep, encarcela a los disidentes en la prisión de Gaol y pacta con ocho brujas para garantizar la protección de los niños a cambio de tributos de sangre. Tras veinte años de guerras incesantes por Aqshy, Plako y Velekkah se convierten en jóvenes guerreros de los Sinjuramento. Con el fin de prepararlos para gobernar antes de convocar al Círculo de guerra, Heldanarr lleva a Velekkah a las profundidades de la ciudad para mostrarle los depósitos de Aqua Ghyranis y luminipiedra. Allí le expone los tres pilares de su gobierno: las riquezas arrebatadas, sus legiones implacables y las bendiciones del dios rojo que infunden temor en sus vasallos.

Finalmente, Heldanarr le confiesa a la joven que el código de Yrdoval es solo un símbolo del pasado y promete construir un futuro donde ella y su hermano puedan gobernar con legitimidad propia, sin tener que someterse jamás al dios rojo. Posteriormente, Heldanarr reúne al Círculo de guerra en la Plaza Ulcarver junto a Kaddarar y sus vasallos para anunciar el fin de la temporada de campaña. La asamblea se interrumpe abruptamente cuando un sacerdote Maal ensangrentado informa que los prisioneros de la torre Gaol han escapado y han secuestrado a la sacerdotisa Tominer.

La evasión de la prisión suspendida resulta desconcertante, ya que requería ritos de vuelo conocidos únicamente por el sacerdocio. El sacerdote explica que los fugitivos mataron a los guardias con sus manos desnudas y que su líder, un hombre de barba negra y ojos amarillos, saltó al abismo llevando a Tominer consigo. Kaddarar percibe en el sacerdote el olor de una sangre sagrada similar a la del rey Lakshar de los Khul. Consciente de que la pérdida de Tominer amenaza la legitimidad de su mandato divino y la estabilidad de su imperio, Heldanarr suspende el Círculo e impone el orden en la ciudad. Aunque Kaddarar se ofrece a salir a la caza, Heldanarr le ordena quedarse en Carnd-Ep para contener a los vasallos revoltosos. Aceptando la sugerencia de Velekkah, el caudillo decide liderar personalmente la marcha junto a sus Caballeros Ceniza, Plako, Velekkah y la cohorte de los Sinjuramento.

La comitiva avanza a marchas forzadas por los páramos ardientes, desoyendo las protestas de Plako, quien advierte que la prisa está agotando a los guerreros y que actuar por impulso rompe la estrategia de control que se les había enseñado. Tras seguir el rastro indicado por el Caballero Ceniza Garza, encuentran a los fugitivos detenidos en un bosque calcinado observando las tormentas del desierto. Su líder se identifica como Talman, un Clérigo de la Masacre renacido en sangre que fue encarcelado meses atrás por negarse a participar en las guerras de Heldanarr. Mientras Plako y Velekkah rescatan a Tominer, quien yace gravemente herida a los pies de Talman, Heldanarr decide enfrentar al fugitivo a solas. Durante el combate cuerpo a cuerpo, Talman renuncia al uso de armas y pronuncia repetidamente el verdadero nombre del dios rojo, Khorne, lo que desencadena visiones traumáticas en la mente de Heldanarr. Talman frena la espada de Heldanarr con su brazo desnudo, fracturando la hoja, y coloca sus dedos contra la garganta del gobernante, perdonándole la vida tras declarar que su fragilidad lo hace indigno de ser Rey Rojo.

Humillado por la derrota, Heldanarr ordena la retirada hacia Motte Pasheter para salvar la vida de Tominer, recordando que Talman pertenecía a una secta de ascéticos apóstatas que rechazaban la sacralidad de la vida terrenal y buscaban el caos puro. En las ruinas de Pasheter, entrega a Tominer al caníbal Boskin, el Loco Earl, para que la trate con sus pócimas. Boskin accede a socorrer a la sacerdotisa y le advierte a Heldanarr que una nueva y devastadora amenaza se aproxima desde Hammerhal: una enorme hueste liderada por el mariscal Valique, apodado el Imparable. Heldanarr solicita a Boskin que vigile las Tierras Fronterizas mientras se prepara para la inevitable llegada de la guerra.

En su trayecto por el desierto, la comitiva se detiene en un oasis donde Plako confronta a Heldanarr por su creciente crueldad, reprochándole que haya olvidado la piedad con la que los crio. Heldanarr envía a Plako y Velekkah a explorar las Tierras Fronterizas con los Sinjuramento por rutas subterráneas mientras él espera la recuperación de Tominer. En el oasis, Heldanarr experimenta una visión profética del mariscal Valique avanzando con sus tropas acorazadas. Tras enviar a Muure a reunir a los ejércitos, Heldanarr regresa a Carnd-Ep para consultar a las Ocho Brujas en la catedral en ruinas. Les ofrece entregarles un astrónomo prisionero a cambio de descifrar por qué Talman afirmaba esperar el fin del mundo. Las brujas rechazan la oferta aterradas, advirtiendo que responder interferiría con la voluntad directa de Khorne. Sin embargo, la bruja Chica Rata rompe el acuerdo y mete la mano en el estómago de Heldanarr para forzar la visión, provocando que las demás brujas exploten violentamente. La visión revela que doscientos mil soldados de Hammerhal, conducidos por Valique, han invadido Cardand y que la fuga de Talman forma parte del plan divino para la batalla final. Al disiparse la visión, una sombra profética le advierte a Heldanarr que le quedan ocho días de vida antes de que su mundo termine, justo cuando los mensajeros de la Casa Unamat confirman que el inmenso ejército enemigo ya ha conquistado Uor, Shad y Lurth.

De regreso en Carnd-Ep, la sacerdotisa Tominer reanuda las ceremonias de reconsecración de juramentos con los Caballeros Ceniza y los vasallos para sostener la legitimidad del reino. Pese a la abrumadora superioridad del enemigo y al peso de la profecía que le augura solo ocho días de vida, Heldanarr reflexiona en soledad sobre su falta de un plan claro para frenar la invasión. Animado por la lealtad y los consejos de su Caballero Ceniza Muure, el caudillo decide abandonar la apatía y marchar de inmediato al frente de sus fuerzas para demostrar que su imperio no será sometido sin luchar.

Al movilizar a sus huestes hacia la barbacana de Carnd-Ep, Heldanarr encomienda a Tominer regresar a Bharat para mantener el orden, enterándose de que el fugitivo Talman afirmó en la prisión de Gaol que el dios de la sangre los convocaba a combatir a Hammerhal. Plako y Velekkah informan haber repelido a una avanzada enemiga en Lurth, pero la llegada de Kaddarar desencadena un choque cuando la profeta exige dejar descansar a los jóvenes herederos. Heldanarr reprende agriamente a Kaddarar por sus prolongadas ausencias y reafirma su mando, insistiendo en que los retoños de guerra deben aprender la realidad del combate sobre la marcha. Guiando a sus guerreros por los caminos subterráneos para emboscar a los invasores, Heldanarr ordena a sus tropas desmontar para iniciar un ataque a pie a través de los pantanos.

La ofensiva en los pantanos se desata con una carga sigilosa que desarticula el campamento de exploradores del Gremio Libre. Durante el combate, Heldanarr siente profunda repulsión al descubrir a Velekkah entreteniéndose sádicamente al desollar a un oficial herido, por lo que la obliga a ejecutar al prisionero y unirse a las tareas de su hermano. La llegada de refuerzos enemigos con cañones y ogores amenaza con sobrepasar a la infantería, pero la irrupción de los Juggernauts de Bharat liderados por Husibarat invoca el nombre de Khorne y aplasta las defensas de los Castelitas. La victoria concluye con la captura de los supervivientes y la quema de las instalaciones enemigas.

Tras la batalla, Heldanarr persigue por las aguas al mariscal herido Bartholomeu Burgess, quien le revela que la invasión de Valique busca específicamente la cabeza y el cráneo del Hijo del Devora-Dioses. Cuando el Caballero Ceniza Garza decapita sumariamente a Burgess contraviniendo la orden de dejarlo marchar con vida, Heldanarr lo enfrenta con violencia para recordar que faltar a la palabra dada es inaceptable y se castiga con la muerte. Durante el regreso por las vías subterráneas, Heldanarr reflexiona sobre el futuro y su eventual enfrentamiento contra Archaon, mientras Plako sostiene que cada uno debe asumir la responsabilidad de sus actos. Al reunirse con Kaddarar cerca de un santuario antiguo, la profeta se disculpa por sus ausencias y le presenta un aliado inesperado: Talman y su creciente horda de fanáticos de la masacre, con quienes ha sellado una alianza para combatir juntos a Hammerhal.

Parte 2

Heldanarr comprende que la ciudad de Carnd-Ep carece de valor estratégico real para las fuerzas de Hammerhal. Tras consultar un antiguo mapa de linajes con la sacerdotisa Tominer y analizar la geomancia de las líneas Ley y las rutas de vuelo, deduce que el mariscal Valique busca apoderarse de las convergencias místicas para abrirse paso directamente hacia Bharat. Sin embargo, su planificación se interrumpe bruscamente cuando un mensajero de los Sinjuramento informa que las puertas de la barbacana han caído y Carnd-Ep está bajo ataque. Al regresar a la ciudad, Heldanarr encuentra las defensas desmoronadas frente a la artillería e infantería enemigas. Ante la emergencia, envía a Plako y Velekkah a las bóvedas para despertar a las tropas inmortales de los Elegidos, mientras reúne a los capitanes disponibles, entre ellos Husibarat, Umpar, Sertorix y al propio clérigo Talman con sus fanáticos, para organizar una contraofensiva inmediata.

La carga desesperada logra despejar temporalmente la Plaza Ulcarver mediante la embestida de las bestias acorazadas de Husibarat y los cánticos de guerra de Talman. Heldanarr ordena a Plako y Velekkah liderar a los Sinjuramento por las vías subterráneas para atacar la retaguardia enemiga en las tierras yermas, mientras él se adentra con sus Caballeros Ceniza para limpiar las calles de la ciudad. En un cruce urbano, Heldanarr enfrenta al anciano piromante Arnus Korm, hermano del mariscal Cloudoun Vicus, quien le ofrece entregar su vida para detener la matanza. Al rechazar la propuesta, Korm desata una devastadora explosión arcana que incinera el brazo de Heldanarr —el cual regenera con la maldición de sangre— y aniquila a gran parte de los Elegidos y de sus leales. La sangrienta batalla se cobra la vida de su fiel oficial Muure y fuerza una retirada masiva hacia la Gran Calzada. Los sacrificios finales de Sertorix con sus brutos ferrománticos y de Laklien con sus pikeros Rottii apenas logran frenar el implacable avance de los Gremios Libres, consumando la caída de Carnd-Ep e iniciando el asedio a la ciudad subterránea de Bharat.

Aplastado por las bajas y replegado en las profundidades de Bharat, Heldanarr examina una maqueta del terreno junto a Kaddarar y descubre que las excavadoras en la superficie constituyen la verdadera ofensiva de Hammerhal para perforar el reino. En ese momento, Plako y Velekkah regresan anunciando que retuvieron la rama de Poyon gracias a una alianza táctica con Talman. Lejos de alegrarse, Heldanarr reacciona con furia al sentir que han otorgado prestigio a Talman ante los vasallos, agrediendo a Plako y sembrando un profundo conflicto con sus herederos. Pese a las recriminaciones de Kaddarar por su brutalidad, Heldanarr utiliza la reunión del Círculo para adjudicarse políticamente la victoria de Poyon, reafirmando su autoridad sobre los caudillos. Tras advertir a los lores sobre el avance de los mineros enemigos, Heldanarr decide marchar junto a Talman hacia la Mina Geruun para someter o convencer al clan duardin de los Holmon antes de que sea demasiado tarde.

Heldanarr, Kaddarar, Talman y los Caballeros Ceniza se dirigen a la Mina Geruun para pactar con el clan duardin de los Holmon, liderado por Geruun Azhmon. Al llegar, encuentran la entrada desierta salvo por el solitario guerrero Purhasad. Purhasad revela que las fuerzas de Hammerhal, dirigidas por el mariscal Cloudoun Vicus, se aliaron con los Matafuegos e invadieron la mina, asesinando a Azhmon y a su familia tras negarse a someterse. De inmediato, decenas de guerreros Matafuegos emergen de las sombras para atacarlos.

Tras un duro combate inicial contra los Matafuegos, Heldanarr ordena la retirada y convoca a los Sinjuramento al mando de Plako y Velekkah para emprender un ataque masivo. Tras medio día de enfrentamientos, logran recuperar la mina e identificar la caverna por donde irrumpió la enorme excavadora de Hammerhal. Para inutilizar la maquinaria enemiga, Heldanarr ordena derrumbar los túneles y colapsar la Mina Geruun. En medio de los escombros, Plako reprocha a Heldanarr su falta de afecto y decencia hacia él y su hermana, conflicto que Heldanarr no logra resolver abiertamente por su incapacidad para mostrar vulnerabilidad ante sus subordinados.

Frente a la constante amenaza de las máquinas de excavación, Heldanarr dispone la creación de minas defensivas en Bharat. En la Gran Calzada, reflexiona junto a Talman sobre la naturaleza del mando y comienza a recelar de la presencia de un traidor dentro de su propio Círculo. La situación empeora drásticamente cuando las tropas de Hammerhal desvían el cauce del Río Losh hacia los túneles, provocando una riada masiva que inunda la Gran Calzada y pone en peligro las defensas subterráneas.

Avanzando entre las aguas torrenciales, Heldanarr y sus Caballeros Ceniza llegan al matadero de Gran Meandro, donde rescatan a Kaddarar e indican a Plako y Velekkah que escapen rompiendo los desagües hacia las alcantarillas. Heldanarr lidera una feroz carga contra las fuerzas enemigas en el patio y logra capturar al mariscal al mando, descubriendo que se trata de Cloudoun Vicus, hermano de Valique. Cloudoun suplica por su vida y revela que Valique actúa movido por la venganza por la muerte de su madre en Candip, además de confesar que un traidor dentro de la corte de Heldanarr les entregó la ubicación de las líneas Ley y las rutas clave. Ante esta revelación, Heldanarr ordena trasladar a Cloudoun prisionero hacia Bharat para interrogarlo y desenmascarar al traidor.

Tras escapar de la inundación por las alcantarillas, Heldanarr y los supervivientes llegan a la ciudad subterránea de Bharat. Kaddarar se encuentra gravemente herida con lesiones que no logran sanar, mientras que el mariscal capturado, Cloudoun Vicus, es enviado a los Molinos Infernales para mantenerlo con vida e interrogarlo. Heldanarr planea lanzar un contraataque inmediato aprovechando la desorganización de Hammerhal y prefiere que Plako lidere la ofensiva por su prudencia, dejando de lado a Velekkah a pesar de sus ansias por ganar la bendición del dios rojo. Sin embargo, la preparación de la marcha se interrumpe abruptamente por el estallido del Rataclismo, un cataclismo causado por los Skaven que desencadena terremotos y fisuras a través de las plazas de Bharat, fracturando el terreno y dejando atrapados a los defensores.

A la ciudad subterránea llegan la sacerdotisa Tominer, el Loco Earl Boskin y los guerreros que lograron sobrevivir durante meses en la superficie tras la caída de Carnd-Ep. Tominer le revela a Heldanarr que el ejército de Hammerhal se ha reducido drásticamente, ya que las Ciudades Libres han retirado a la mayoría de las tropas para defender sus propios territorios de la invasión masiva de los Skaven. Con el mariscal Valique respaldado únicamente por sus fanáticos y mercenarios Matafuegos, Heldanarr decide reorganizar a sus fuerzas y convocar al Círculo de guerra para sofocar cualquier intento de conspiración y consolidar su autoridad absoluta antes del ataque final.

El intento de reunir al consejo fracasa cuando los señores de las casas boicotean la asamblea y el Caballero Ceniza Garza renuncia formalmente a su juramento, arrojando su máscara dorada tras acusar a Heldanarr de haber abandonado a sus compañeros durante la riada de Gran Meandro. Decidido a identificar al traidor que entregó a Hammerhal la ubicación de las líneas Ley y las rutas secretas, Heldanarr ejecuta a Cloudoun Vicus mediante un oscuro ritual de magia de sangre. La visión mística le revela que la traidora dentro de su corte es Velekkah, pero el trance alucinatorio del rito provoca que Heldanarr confunda la realidad y apuñale de muerte por accidente a su leal Caballero Ceniza Jezur.

Descubierta la traición, Heldanarr confronta a Velekkah en la plaza y ordena su arresto para someterla a juicio, provocando que Garza y los demás caballeros ejecuten a los escoltas Sinjuramento que intentan defender a la joven. Aunque Heldanarr comprende que ama a Velekkah como a una hija y duda en ejecutarla, la situación escala cuando Plako, los Sinjuramento y los lores rebeldes del Círculo les cortan el paso en abierta insurrección. Para salvar a su hermana de la sentencia de muerte, Plako asume la autoría de la traición y confiesa ante todos haber sido el espía de Valique, encabezando un levantamiento armado para derrocar a Heldanarr y entregar la ciudad a Hammerhal. Durante el combate cuerpo a cuerpo, Heldanarr intenta contenerse recordando la crianza de su hijo, pero en medio del caos le corta accidentalmente la yugular con sus garras. Velekkah acude horrorizada a la escena mientras Plako se desangra, y Heldanarr, lleno de culpa y dolor, sostiene a su hijo entre sus brazos hasta que este muere.

Tras la muerte de Plako, la sacerdotisa Tominer llega con noticias de que las tropas de Hammerhal han tomado los puntos clave de Bharat y preparan explosivos de piedranula para colapsar la Gran Calzada. Cargando el cuerpo de su hijo, Heldanarr repliega a las fuerzas leales hacia la torre Gaol. En el interior de la prisión, Heldanarr se sincera con el clérigo Talman y le revela el verdadero secreto de sus herederos: Plako y Velekkah no eran recién nacidos cuando los halló en la Colina de Horf, sino jóvenes infectados por la corrupción del dios de Yesurga, a quienes salvó pagando el sacrificio de mil almas a las Ocho Brujas para borrarles los recuerdos y darles una infancia inventada. Con el fin de evitar que Velekkah muera en la inminente destrucción de la ciudad, Heldanarr la repudia y la desterra con dureza, obligándola a huir a la superficie por las rutas de vuelo junto a Tominer y a la malherida Kaddarar.

En las profundidades de Gaol, Heldanarr mantiene profundas conversaciones con Talman sobre el sentido de la vida, la muerte y la devoción divina. En ese entorno se le manifiesta un demonio de Khorne nacido de su propia maldición y del pacto con las brujas. Tras combatir a la entidad y librar un duelo interno de voluntad, Heldanarr rechaza convertirse en un esclavo del dios rojo o buscar la aniquilación ciega, reafirmando su deseo de vivir y asumir el control de su propia existencia bajo sus propios términos.

Decidido a enfrentar el destino final de su imperio, Heldanarr ejecuta al Caballero Ceniza Garza y a los traidores que rindieron sus armas para certificar la sentencia de su hueste. Tras asegurar la huida de Velekkah, Kaddarar y Tominer hacia la superficie, Heldanarr encabeza junto a Talman a los cuatrocientos guerreros leales restantes. La hueste irrumpe desde Gaol hacia la Gran Calzada en una desesperada carga final contra las defensas de Hammerhal, no con la ilusión de salvar el reino, sino para morir combatiendo con dignidad y garantizar que el sacrificio de su pueblo tenga significado.

Heldanarr y los últimos supervivientes de Bharat lanzan un ataque desesperado desde la torre Gaol hacia la Gran Calzada para romper el cerco enemigo. Durante la carga, Heldanarr descubre que los ingenieros de Hammerhal han instalado grandes depósitos de pólvora, luminipiedra y piedranula destinados a volar los túneles y destruir la ciudad subterránea por completo. Heldanarr encomienda a Talman contener a las fuerzas enemigas en la retaguardia mientras él asciende a través de la máquina excavadora hacia las ruinas de Carnd-Ep para enfrentar al mariscal Valique. En su camino hacia la superficie, un contingente de guerreros Matafuegos le corta el paso en un combate brutal en el que Heldanarr resulta gravemente herido.

Cuando Heldanarr está a punto de sucumbir ante los Matafuegos, irrumpen el Loco Earl Boskin y sus necrófagos caníbales, quienes se unen a la batalla y masacran a los duardin. Débil, sangrando y con la maldición de su sangre extinguiéndose tras su enfrentamiento previo con el demonio, Heldanarr emerge a la superficie de Carnd-Ep y se abre paso por las ruinas de la armillaria eliminando a la guardia de élite de Hammerhal. Al llegar a la cámara central, confronta al mariscal Valique y le retira el yelmo, descubriendo con asombro que no es el anciano veterano de sus visiones. Valique es en realidad un joven Yrdun, hijo de un sastre de Ulcarver y hermano de Cloudoun Vicus, quien fue criado en Hammerhal tras sobrevivir a la caída de Candip y cuya única motivación para liderar la cruzada era la venganza por la muerte de su madre y la destrucción de su hogar.

Valique ataca a Heldanarr con su espada arcana y lo apuñala en el pecho, pero el caudillo sobrevive gracias a su resistencia oscura, desarma al joven y le rompe el brazo. Al examinar los dispositivos enemigos, Heldanarr comprende que el ataque de Hammerhal era una ofensiva desesperada sin reservas, mermada por la retirada de tropas hacia las Ciudades Libres debido al Rataclismo Skaven. Valique, llorando y deshecho, le suplica que lo mate al ver que seis años de planificación para su venganza han resultado inútiles. Viendo en el joven el reflejo de su difunto hijo Plako y de su propia juventud arruinada por el odio, Heldanarr se niega a ejecutarlo y decide romper el ciclo de destrucción. En lugar de asesinar a Valique, Heldanarr clava la espada incandescente en la red de cordones de ignición de las bombas de piedranula, desencadenando una detonación masiva.

La explosión colapsa la Gran Calzada, destruye Carnd-Ep y arrasa Bharat por completo, convirtiendo todo el reino de Bodshe en un cráter de magma y cenizas. Heldanarr sobrevive al colapso cubriendo con su propio cuerpo el torso de Valique para mantenerlo con vida entre los escombros. En una cueva cercana, Heldanarr atiende las quemaduras del joven y le da de beber agua filtrada para aliviar su agonía. Cuando Valique despierta febril entre la desolación y le pregunta quién es, Heldanarr, sintiendo por primera vez una extraña paz y la oportunidad de comenzar de nuevo, sonríe en silencio mientras cuida de él.

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