Raldoron

Raldoron Resucitado, de Guy Haley [Resumido]

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Resumen

En las ruinas desérticas del planeta Turuc, un Marine Espacial poseído por la Sed busca sangre fresca tras perder el casco y el recuerdo de su propia identidad. Incapaz de controlar su rabia bestial, el guerrero rastrea a un soldado tribal y lo asesina sin piedad, devorando su sangre y su cerebro para asimilar sus recuerdos e información del conflicto. Al amanecer, cuando el frenesí remite y la razón retorna, el guerrero contempla sin remordimiento el cadáver destrozado y conserva la máscara de hierro de su víctima. La placa de latón sobre el pecho de la armadura ensangrentada identifica el nombre de este oficial: Raldoron.

Años más tarde, durante la guerra civil de la Herejía de Horus, Raldoron se desempeña como Arconte de la Primera Compañía de los Ángeles Sangrientos a bordo del crucero Promissum Sanguinem en la órbita de Desembarco Espinoso. El Mariscal Solar Faisal Subarai-Almazi interrumpe las meditaciones del Arconte sobre su antigua debilidad para informarle que los focos de resistencia locales están siendo erradicados gracias a los Angforios, reclutas de inducción acelerada supervisados por Dominion Vallis. Ambos mandos coordinan la recolección de suministros agrícolas para enviar a una Terra necesitada de alimentos, el acondicionamiento de los puertos espaciales para su eventual demolición y la selección del regimiento de Auxilia Solar Saiphan Elevatii como guarnición local antes de proseguir hacia el Cúmulo Garmon.

En la superficie de Desembarco Espinoso, el sargento o Poder Simeon recobra el conocimiento tras el combate sin recordar el salvajismo con el que luchó. Horrorizado al experimentar recuerdos ajenos por haber consumido la carne de un enemigo, Simeon intenta limpiarse la boca y recupera su armamento en medio de un terreno repleto de muertos. Tras ubicar a varios de sus hermanos Angforios caídos por disparos o proyectiles Volkita, el legionario Ismael se le aproxima para informarle que Andael, otro miembro de la escuadra, ha perdido completamente la cordura a causa de la Sed y está atacando a sus propios compañeros, obligando a Simeon a acudir de inmediato para ejecutarlo.

En la armería del crucero, Raldoron es revestido con su armadura mientras rememora el discurso pronunciado por el Primarca Sanguinius al partir de Terra con la Flota de Retaliación, instando a las fuerzas leales a luchar por el deber y la esperanza frente a la traición de Horus. Raldoron reflexiona sobre las mentiras del Emperador descubiertas durante la campaña de Signus respecto a las entidades del Inmaterium y sobre la reunión privada en la que Sanguinius le ordenó asegurar los mundos menores de Minoris-Garmon, asignándole tres miembros de la Guardia Sanguinaria para su protección personal. Con el proceso de armamento concluido, Raldoron se reúne con Faisal y la plana mayor para descender al puerto espacial y comunicar las exigencias de la guerra a los líderes clánicos supervivientes.

Tras completar en pocas semanas la extracción masiva de recursos y la movilización de las milicias de Desembarco Espinoso, Raldoron reúne a sus oficiales en el strategium para establecer el siguiente paso operativo. Aunque el objetivo previsto era el sistema 139 Minoris-Garmon, la llegada de una llamada de auxilio desde Gallia altera las prioridades. Raldoron resuelve dirigirse a Gallia para rescatar a dos regimientos imperiales aislados y capturar sus reservas de grano, sabiendo que una fuerza de la Guardia de la Muerte ha comenzado a devastar el planeta mediante bombardeos de phosphex y armas radiológicas. Para no descuidar otros sectores, el Arconte efectúa una división de fuerzas enviando un contingente defensivo a 139 Minoris-Garmon e itinerantes a otros sistemas secundarios.

Concluida la reunión, Vallis traslada a Raldoron y al Primus Medicae Laertes al tacticarium para analizar las grabaciones de las cámaras de los cascos de los Angforios durante el asalto. Las imágenes demuestran que la tropa sucumbió a un frenesí descontrolado, quitándose los cascos para desgarrar cuellos enemigos con sus propios dientes. A pesar de que Laertes insiste en retirar a los reclutas por su peligrosa inestabilidad psíquica e implantación defectuosa, Raldoron concluye que la sangrienta guerra exige mantenerlos en el frente para no agotar la capacidad combativa de la Legión. En consecuencia, dispone ralentizar la velocidad de inducción en los futuros neófitos, integrar a los reclutas armados en escuadras veteranas e intensificar las prácticas artesanales y la disciplina mental, citando previamente a Simeon a sus aposentos para enseñarle personalmente a dominar la Sed.

Raldoron convoca a sus aposentos al Neófito Simeon, líder de escuadra de los reclutas Angforios, para abordar su desempeño y la pérdida de control tras el combate reciente. Ante la vergüenza y la confusión del joven por haber cedido a la Sed Roja, Raldoron le muestra un antiguo guantelete de armadura y le explica que la furia sanguinaria es una aflicción común que la Legión aprendió a dominar bajo la guía de Sanguinius. Para enseñarle a encauzar esa violencia, Raldoron lo lleva a un foso de entrenamiento y combate contra él utilizando porras de descarga. Durante el duelo, Raldoron provoca la Sed en Simeon mediante golpes certeros para demostrarle que no debe reprimir ni dejarse dominar por esa rabia, sino dirigirla con disciplina y templanza para preservar su condición humana.

Raldoron reúne a seiscientos Angforios en la cubierta de embarque del Promissum Sanguinem y les ordena quitarse los cascos, exigiéndoles asumir la responsabilidad de su propio autocontrol antes de ingresar a la disformidad. Mientras tanto, a bordo del crucero Autarca de Saiph, el Mariscal Solar Faisal Subarai-Almazi encabeza una ceremonia militar y entrega a su hijo, el Capitán Assan, el mando de su propia guardia personal de Veletarii. En privado, Assan reacciona con profunda indignación, acusando a su padre de favoritismo y nepotismo que manchan su honor ante el regimiento. Faisal le responde con firmeza que la decisión busca proteger su vida en el frente y asegurar la sucesión del mando, dejando a Assan resentido pero obligado a acatar la orden.

Durante el tránsito por el Inmaterium, Raldoron sufre pesadillas recurrentes sobre la sangrienta campaña de Signus Prime, en las que revive la lucha contra hordas demoníacas y la tentación del frenesí. En el sueño, un enorme demonio de sangre lo inmoviliza y se funde con su alma, lo que provoca que Raldoron despierte sumido en un estado de rabia incontrolada. Sin conciencia de sus actos, atrapa por el cuello a su siervo mortal Quincus y comienza a asfixiarlo contra la pared. Al recobrar la lucidez, el Arconte libera al asustado sirviente, le pide disculpas por los efectos del viaje disforme y le ordena acudir a la enfermería, advirtiéndole que no vuelva a entrar a sus aposentos cuando esté descansando.

La flota de los Ángeles Sangrientos completa la traducción al Materium al llegar al sistema 147 Minoris-Garmon, denominado Gallia. Los escaneos tácticos presentados por Faisal revelan que el planeta agrícola ha sido devastado por la Guardia de la Muerte mediante el uso masivo de phosphex, virus y armas radiológicas. Pese a la destrucción global, Raldoron mantiene los objetivos operativos: rescatar a las fuerzas leales supervivientes y destruir a la fuerza enemiga antes de que logre evacuar. Al detectar un contingente hostil en un cinturón de asteroides, Raldoron decide atravesar directamente la barrera rocosa a toda velocidad, previendo que la Guardia de la Muerte buscará decapitar el mando atacando la nave insignia.

A bordo del Promissum Sanguinem, el Capitán Assan y sus doscientos treinta y seis hombres de la Decimocuarta Compañía de los Saiphan Elevatii ocupan posiciones en la Via Magna para repeler posibles abordajes. En el puente de mando, Raldoron y el Capitán Boise navegan entre los asteroides destruyendo las rocas más grandes con cañones frontales. Al aproximarse a un asteroide de tamaño continental, la Guardia de la Muerte ejecuta su emboscada lanzando una oleada de lanchas de asalto, garras de desembarco y torpedos de abordaje. Pese al fuego defensivo, numerosos torpedos logran perforar el casco tras el colapso de los escudos de vacío.

Las brechas en el casco obligan a Assan y sus soldados a construir barricadas e instalar armas Volkita para frenar el avance enemigo en los pasillos. En el puente de mando, Raldoron comprende que los primeros abordajes son solo una distracción. Un pecio hostil intenta una embestida mientras desencadena un ataque de teleportación que materializa a veinte Exterminadores de la Guardia de la Muerte en pleno puente de mando. Raldoron desenvaina su espada Filo Marcial Bermejo y ordena a la Primera Compañía y a la Guardia Sanguinaria defender la posición, mientras en las cubiertas inferiores Assan se prepara para enfrentar a los Marines Espaciales enemigos.

En el combate a bordo de la nave, los reclutas Angforios liderados por el Neófito Simeon enfrentan en el Paso de Praxis a los Exterminadores de la Guardia de la Muerte. Simeon canaliza la rabia de la Sed Roja para ganar fuerza en el enfrentamiento, pero logra mantener cierto grado de autocontrol y ordena la retirada de los soldados humanos de la Auxilia Solar para evitar atacarlos en su frenesí, aunque posteriormente los Neófitos devoran los cadáveres caídos. Mientras tanto, en el puente de mando en llamas del crucero Promissum Sanguinem, el Arconte Raldoron combate a los abordadores enemigos y descubre el cadáver de su oficial Dominion Vallis. Raldoron enfrenta al capitán traidor armado con un mayal de energía, logra desarmarlo y atraviesa su pecho con la espada Filo Marcial Bermejo, capturando además a un Exterminador enemigo.

Tras evaluar los severos daños sufridos por la nave insignia con el Maestro Forjador Arnovael, Raldoron acude a las celdas de detención para interrogar al legionario prisionero Curdoth. Ante la negativa del traidor a colaborar, Raldoron lo ejecuta a puñetazos y realiza el Ritual de la Carne consumiendo su cerebro mediante la Omofágea para extraer sus recuerdos, descubriendo que la fuerza enemiga en el planeta Gallia es reducida y se encuentra en pleno proceso de evacuación. Con esta información, Raldoron dispone la ejecución del resto de los prisioneros y organiza un descenso inmediato mediante naves ligeras de asalto para cortar la retirada enemiga. Por su parte, la 46.ª Auxilia Solar de los Saiphan Elevatii, bajo el mando del Capitán Assan, realiza un turbulento descenso a través de la atmósfera tóxica de Gallia y desembarca en un terreno envenenado.

En la superficie del planeta, Assan asegura un complejo agrícola destruido y establece alianza con los Irregulares Galianos, una milicia local comandada por el Capitán Bardovar. Coordinando sus tanques Leman Russ, apoyo aéreo de cazas y las tropas locales, Assan inicia un ataque contra el punto débil de la línea defensiva de la Auxilia Traidora. Pese a lograr neutralizar un cazatanques Valdor mediante cargas melta, la Guardia de la Muerte responde lanzando un ataque de morteros con Phosphex que incinera a la compañía de Assan y mata a su primo Qaziz. Justo cuando las fuerzas leales sufren bajas devastadoras, Raldoron inicia el despliegue masivo de los Ángeles Sangrientos mediante cápsulas de desembarco y tropas con retropropulsores en el centro de las posiciones enemigas.

Se desencadena una sangrienta batalla en la que Simeon y sus Angforios avanzan dominados por el frenesí combativo. Assan logra matar a un sargento enemigo en duelo singular con su sable charnabal sufriendo graves heridas en el brazo, pero tras la retirada de la Guardia de la Muerte, los Angforios pierden por completo la cordura y atacan brutalmente a sus propios aliados humanos. Simeon asesina a Assan de un mordisco en el cuello mientras los reclutas devoran a las tropas leales. Raldoron llega al lugar en un Land Raider, contempla el desastre y somete violentamente a Simeon. Al recobrar la lucidez y verse cubierto por la sangre de sus aliados, Simeon suplica entre lágrimas ser ejecutado, pero Raldoron se niega a concederle la muerte y ordena mantener a los reclutas inestables bajo estricto control o en hibernación para seguir utilizándolos como herramientas de guerra.

Tras asegurar la victoria y la retirada de las naves enemigas, Raldoron se reúne en el puerto espacial con el Margrave Sovos, líder de los supervivientes galianos, quien rechaza rotundamente abandonar su mundo devastado para unirse a la flota imperial, prefiriendo morir en su hogar. Raldoron respeta la decisión del anciano pero le advierte que el planeta no recibirá más auxilio. De regreso en la nave, el Mariscal Solar Faisal encarara a Raldoron al enterarse de la muerte de su hijo Assan a manos de los reclutas de la Legión. Sumido en el duelo, Faisal recrimina al Arconte las mentiras del Imperium, la falta de honor y la destrucción del futuro de la humanidad. Raldoron escucha en silencio los reproches del padre desconsolado y le promete hacer todo el bien posible, quedándose a solas contemplando su antigua máscara de hierro mientras reflexiona sobre el oscuro destino de la galaxia.

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