Acto Uno
La historia comienza en el planeta Cadia Prime, donde el choque de una partícula microscópica de noctilita contra el lecho rocoso desencadena una violenta liberación de energía. Este cataclismo fractura el planeta y apaga la red de pilones de energía nula que contenía la disformidad. La ruptura de la realidad se extiende rápidamente por la galaxia, abriendo una enorme grieta conocida como la Cicatrix Maledictum que devora mundos enteros y debilita el faro del Astronomicón. En el Torbellino, una anomalía espacial alterada por este cambio de gravedad, emerge del exilio el planeta Amenthis, un mundo perdido desde la guerra celestial que comienza a emitir una señal de socorro.
Guiado por esta transmisión, Trazyn el Infinito entra en una tumba sellada y cubierta de polvo donde halla los cadáveres de varios necrontyr que murieron intentando escapar. Trazyn recupera un disco de grabación de las manos de los muertos justo cuando una marea de demonios de Tzeentch irrumpe en el lugar. Para alcanzar la nave de evacuación, Trazyn y su necroguardia deben abrirse paso a través de las cambiantes y caóticas criaturas. Cuando un demonio volador atrapa a Trazyn en el aire, este transfiere rápidamente su conciencia a través del disco hacia el cuerpo de un necroguardia que corre más adelante. Tras varios saltos de conciencia desesperados y engaños para proteger el artefacto, Trazyn logra lanzar el disco a la zona de teletransporte en el último instante, salvando la información y escapando al transferirse al piloto de su nave mientras su cuerpo físico es despedazado.
Por otro lado, Orikan el Adivino planea vengarse de Trazyn por haber roto el pacto de mantener encerrados los restos de la cryptek Vishani y los fragmentos del dios estelar Mephet’ran, el Embaucador. Con el cráneo de Vishani en su poder, Orikan se infiltra en Solemnace para deshacer la traición de Trazyn, pero al abrir sus puertos de recolección es atacado por un programa de datos invasor muy agresivo. Orikan entabla una batalla mental por su supervivencia dentro de su propio palacio mental, modificando el entorno hacia el zigurat de Mandragora para someter al intruso. Mientras tanto, en el núcleo de Solemnace, Trazyn interroga al fragmento cautivo del Embaucador sobre cómo entrar en la Gran Fisura mientras lo alimenta con partes de sí mismo, hasta que las alarmas de la galería se activan por una intrusión en los reguladores de energía. Orikan logra vencer al parásito digital sobrecargando su reactor y devorando su código, el cual antes de extinguirse solo deja flotando la palabra Amenthis. Al despertar en su cuerpo físico, Orikan se encuentra directamente con la presencia de Trazyn.
Orikan intenta retroceder en el tiempo tras verse descubierto en Solemnace, pero se topa con un bloqueo temporal muy sofisticado instalado por Trazyn. Tras una acalorada discusión sobre quién debe quedarse con el cráneo de la cryptek Vishani, Orikan ataca a Trazyn con su bastón en un corte diagonal. El Maestro de Caza, el asesino personal de Trazyn, interviene de inmediato y le amputa el brazo a Orikan. A pesar de perder la extremidad, Orikan ordena al cráneo canoptek de Vishani que ataque la cara de Trazyn, empuja al asesino hacia un portal dimensional, le arroja su propio brazo amputado a la cara a Trazyn y huye a toda velocidad entre los pasillos de las baterías. Durante la persecución, Orikan usa ilusiones de crono-fractura para confundir al francotirador, provocando que los disparos reales del asesino impacten directamente contra los pilones de energía, dañando de forma severa los bancos que contienen al Embaucador. Aunque Orikan logra recuperar su brazo gracias a la ayuda del canoptek de Vishani, al final de su huida cae a la cámara inferior debido a un hechizo de desplazamiento molecular y es inmovilizado por un torrente de escarabajos mecánicos frente al fragmento cautivo del Embaucador.
Al recuperar el conocimiento, Orikan se encuentra encadenado con cadenas de alta tensión en Solemnace frente a Trazyn. Trazyn le recrimina haber puesto en grave peligro a todo el planeta al dañar los bancos de baterías. Sin embargo, el motivo de tenerlo cautivo es presentarle una propuesta: un modelo armilar flotante del planeta Amenthis, un mundo de piedranegra que ha resurgido del Torbellino tras los cambios gravitacionales provocados por la Gran Fisura. Trazyn explica que el planeta emite una señal de socorro grabada hace tres milenios por Sothka el Arcano, el antiguo mentor de Trazyn, quien buscaba devolver la esencia espiritual a la raza sin alma. Trazyn le propone organizar una expedición conjunta basándose en sus éxitos pasados, pero Orikan se niega rotundamente a seguirlo a lo que considera el infierno. Ante la negativa, Trazyn libera los grilletes y Orikan aprovecha el instante para salir disparado a toda velocidad de la sala.
En su desesperado intento de escape, Orikan entra en una sala de observación y activa por accidente la secuencia de liberación de una bestia empírica gigante que estaba encerrada en un cubo de estasis. El monstruo, una criatura gelatinosa de tamaño elefantino, ataca a Orikan y lo inmoviliza bajo sus pesadas patas. Trazyn entra en la sala usando un cuerpo de necroguardia de repuesto para distraer al animal, pero sus golpes no surten efecto y la bestia termina engulléndolo. El horror succiona también a Orikan, obligándolo a descender por su garganta hasta el segundo estómago, donde se encuentra con Trazyn. Atrapados en el saco gomoso, los dos eternos rivales continúan forcejeando, discutiendo y culpándose mutuamente de la absurda situación. Justo cuando Trazyn busca liberar a un espécimen destructivo de sus laberintos teserácticos para reventar al monstruo por dentro, una lanza de luz rasga la carne de la bestia. Ambos son expulsados al suelo de piedranegra cubiertos de inmundicia junto a la ejecutora de la Triarca, Phillias, quien limpia su guadaña y los confronta al enterarse de que están planeando una expedición.
La ejecutora de la Triarca, Lady Phillias, interrumpe a Trazyn y Orikan tras su caótico incidente con la bestia espacial, tomando posesión del trono de Solemnace para recordarles que actúa bajo la autoridad directa del Rey Silente. A pesar de los intentos de Trazyn por calificar la expedición a Amenthis como un mero estudio preliminar en fase de viabilidad, la verdugo cuestiona su secretismo. Orikan intenta desmarcarse de los planes de su eterno rival argumentando que fue atraído bajo engaños y hecho cautivo, pero la representante imperial ignora sus protestas. Phillias determina que el Rey Silente ha aprobado la empresa y les ordena a ambos partir de inmediato de forma conjunta para descubrir el destino de Sothka el Arcano y recuperar cualquier descubrimiento de valor.
Durante la presentación de los detalles topográficos del planeta Amenthis, Trazyn muestra cómo el mundo, deformado por la energía de la disformidad, está cubierto de extrañas formaciones geológicas que asemejan dientes gigantescos. Trazyn revela entonces la primera placa de expedición de Sothka, un disco dorado de necrodermis grabada que Orikan ayuda a descifrar y reproducir usando sus habilidades cronománticas. En la grabación, Sothka detalla que el planeta posee una alta saturación de Noctilita y confiesa su verdadero propósito: adentrarse en el Mar de las Almas para recuperar los espíritus perdidos de los necrontyr y devolverlos a sus formas metálicas. Trazyn admite que no se unió a la misión en su momento por sus deberes de conservación histórica, mientras que Orikan recuerda haber rechazado la propuesta por considerarla una locura inviable.
Al evaluar las dificultades de navegar por un entorno saturado de energía empírica, Trazyn propone utilizar un ser vivo sensible a la disformidad que sirva como sistema de alerta temprana. Orikan se burla de la fragilidad de los mortales, evidenciando su propia desconexión al confundir los uniformes de las tropas de estasis con la propia piel de los humanos. Trazyn lo conduce ante el campo de estasis de la inquisidora del Ordo Xenos, Helynna Valeria, atrapada en un instante suspendido entre la vida y la muerte por la detonación de un proyectil en su corazón. Ante la reticencia de Orikan a intervenir en una tarea cronomántica tan delicada e irreversible, Trazyn apela a su orgullo usando mentiras sobre las dudas del dimensionalista Sannet, lo que incita al astromante a aceptar el desafío para demostrar su superioridad técnica.
El proceso de despertar de Valeria resulta doloroso debido a la manipulación temporal de las astillas de metralla, pero Orikan realiza la delicada cirugía con éxito rotundo. Al despertar, la inquisidora entra en pánico al verse rodeada de necrones, por lo que Trazyn activa su cepo mental para inducirle una calma artificial. Valeria queda devastada al enterarse por Trazyn de que Cadia ha caído tras la Decimotercera Cruzada Negra, abriendo una Gran Fisura que divide la galaxia. Tras recuperarse, Valeria es integrada en la mesa de consejo de la expedición, donde defiende su utilidad argumentando que la disformidad actual pertenece a la humanidad y que solo un humano puede interpretar sus engaños y corrientes invisibles. El consejo acuerda preparar una fuerza de la Triarquía con campos Geller locales para la incursión, mientras Phillias aprovecha un momento a solas para amenazar a Trazyn por ocultar ilegalmente un fragmento del Embaucador en el núcleo de Solemnace.
Helynna Valeria ha pasado toda su vida a bordo de naves espaciales, pero es la primera vez que se encuentra en el silencioso puente de mando de un navío necrón. Mientras la nave con forma de media luna se aproxima a una puerta dolmen para viajar hacia el mundo de Amenthis, Valeria observa la absoluta quietud de la tripulación y el liderazgo de Trazyn, interrumpido solo por las órdenes de la ejecutora Phillias para que Sannet calcule la ruta más segura. A diferencia de los tormentosos viajes espaciales de la humanidad, la transición a través de la puerta dolmen hacia la Telaraña se produce de manera suave, silenciosa y sin las violentas perturbaciones del inmaterium.
En otra zona del navío, Trazyn confronta directamente a Sannet tras descubrir que este ha actuado como un espía para la Triarca durante cuatro milenios. Aunque Sannet intenta justificar su deslealtad como un acto de devoción destinado a proteger a su señor de sus propios impulsos peligrosos y de la violencia de Orikan, Trazyn se siente profundamente traicionado. Consumido por la ira, Trazyn marca a Sannet con el glifo del destierro, condenándolo a vagar invisible y mudo por las galerías de Solemnace, sin que ningún necrón consciente pueda volver a hablarle. Antes de marcharse, Sannet le advierte en vano que la expedición a Amenthis es una auténtica locura y que se encuentra en un peligro extremo.
Mientras tanto, Orikan medita en sus aposentos e intenta infructuosamente planear una fuga, frustrado por la constante vigilancia de los praetorianos. Trazyn lo visita para disculparse y admitir que Orikan tenía razón sobre la traición de Sannet con respecto al fragmento del Embaucador. En un momento de inusual honestidad, Trazyn le pregunta a Orikan si desearía recuperar su alma, confesándole que siente una creciente desconexión con el cosmos y el temor a que su antigua memoria continúe deteriorándose. Orikan rechaza con aspereza la angustia existencial de su rival y le exige que lo deje concentrarse para el descenso del día siguiente.
Por su parte, Valeria padece las dificultades de las necesidades biológicas que sus captores metálicos ignoran. Tras recolectar raciones básicas almacenadas en la nave, decide buscar un arma en una sección de las galerías itinerantes de Trazyn. Valeria localiza un neurodisruptor de cristal en manos de la capitana exodita Asanya, quien yace congelada en un campo de estasis. Al reducir la opacidad del campo temporal para extraer el arma, la capitana despierta a velocidad reducida y la ataca ferozmente con su espada de energía. En una desesperada lucha por sobrevivir, Valeria logra reactivar el campo de estasis máximo utilizando el cepo mental de su cerebro, congelando de nuevo a la corsaria justo a tiempo antes de que su hoja le atraviese el pecho. Con el arma obtenida, Valeria se prepara para el inminente descenso al planeta.
Acto Dos
El paso a través del portal de la Guadaña de la Noche hacia el planeta Amenthis resulta una experiencia dolorosa y gélida para la inquisidora Valeria, quien siente una desintegración molecular temporal antes de caer sobre el suelo cubierto de polvo de Noctilita. Trazyn y Orikan la acompañan en este descenso al hostil mundo disforme. Mientras Valeria se equipa con su respirador y observa los extraños colores de la arena radiactiva, Orikan utiliza sus sistemas adivinatorios para examinar el área, detectando una inminente tormenta de polvo. Al mismo tiempo, el Maestro de Caza localiza a un grupo de bestias agazapadas entre la hierba rosa de la llanura.
Bajo las órdenes de la ejecutora Phillias, las fuerzas de la Triarca se despliegan de inmediato en una formación geométrica impecable para asegurar el perímetro inicial y permitir la instalación de los campos de fuerza y los resonadores nulos. Los necrones avanzan hacia la entrada del laberinto, que resulta ser una colosal estructura megalítica esculpida con la forma de una cabeza de necrontyr desgastada por la erosión. Trazyn despliega dos Stalkers caminantes de sus laberintos teserácticos y el Maestro de Caza abate a las primeras criaturas antes de que Valeria, afectada por un fuerte dolor de dientes y sangrado, alerte sobre una inminente y masiva manifestación de la disformidad en el cielo.
Un enjambre de bestias empíricas voladoras, conocidas como Aulladores, se desliza repentinamente desde el firmamento y ataca el campamento. Los defensores necrones responden con rayos térmicos y descargas de radiación solar desde las varas de pacto de los praetorianos, logrando dispersar y calcinar temporalmente a la manada. Sin embargo, la aproximación de un colosal tsunami de criaturas disformes mezclado con la tormenta de polvo obliga a Phillias a ordenar una retirada inmediata hacia el interior del laberinto. En medio del caótico repliegue, Orikan intenta retroceder en su propia línea temporal para advertir al grupo de la emboscada, pero las leyes físicas rotas del planeta fragmentan su visión en un torbellino de millones de fractales contradictorios, lo que provoca la sobrecarga crítica de sus neurales y su desmayo.
Al recuperar la conciencia dentro de la cámara de acceso del laberinto, Orikan se encuentra junto a Trazyn y Valeria mientras los praetorianos luchan por cerrar las compuertas de piedra. Una criatura atrapada en la entrada es destruida por Phillias, pero su explosión libera dos pequeños diablillos de fuego que desatan el caos absoluto en la sala. Los disparos erráticos y los rebotes de las armas de partículas de los defensores provocan una violenta reacción de fuego cruzado amistoso que destruye a un cryptek y a dos praetorianos antes de que la ejecutora logre imponer un protocolo de alto al fuego y exterminar al último intruso. El grupo constata la pérdida de gran parte de sus suministros, pero un tecnomandrita revela que la cámara está protegida gracias a los resonadores que la antigua expedición de Sothka ya había anclado en la piedranegra.
Trazyn abre una puerta que conduce a una cámara inferior donde yacen cadáveres carbonizados de necrones y una compuerta dolmen inerte con una inscripción tosca que confirma el paso de Sothka. Sobre la puerta se encuentra un disco plateado que Orikan utiliza para proyectar la grabación de Kissh, el segundo al mando de la expedición original. El mensaje revela que sufrieron un diez por ciento de bajas combatiendo a los daemonios y que lograron activar la proto-compuerta dolmen para descender a las profundidades, dejando la clave de activación basada en el conocimiento de Mokan.
Mientras las bestias aporrean el exterior del laberinto, Orikan revela que ya ha descifrado el acertijo utilizando las placas de presión algebraicas de las escaleras para liberar el mecanismo de cierre. Trazyn coloca los discos de oro y plata, que se fusionan para activar el portal con un flujo de luz mercurial. Phillias organiza un equipo de exploración reducido que incluye a Trazyn, Orikan, Valeria, el Maestro de Caza y una guardia praetoriana.
Cruzar el portal conduce al grupo a una réplica exacta de la Corte Eterna de los Necrontyr antes de la Biotransferencia, con sus plazas, torres y acueductos reconstruidos en medio de un paisaje de cubos. Trazyn teoriza que es un eco dimensional proyectado por la piedranegra, pero Orikan discute la precisión de la reconstrucción señalando que el Observatorio Real está girado de forma incorrecta, lo que desata una agria discusión entre ambos sobre sus recuerdos deteriorados de la época de la carne. Mientras descienden a la silenciosa y opresiva metrópolis, Valeria sufre físicamente el ritmo de marcha de los necrones y la falta de provisiones, quejándose además de una angustiante sensación psíquica de estar siendo observados por fuerzas invisibles.
La tensión estalla cuando el Maestro de Caza sufre una interferencia en sus sensores tras reportar un avistamiento y su canal de comunicación se apaga de golpe. En ese instante, Valeria detecta dos ojos en la oscuridad y dispara, desatando la aparición de un portador de la plaga que, a pesar de ser destrozado por los praetorianos, se regenera de forma constante. Una lluvia de estas criaturas putrefactas se lanza desde los acantilados sobre el grupo, arrastrando a los defensores a una lucha encarnizada donde Trazyn termina sepultado por una horda y se ve obligado a detonar una granada de energía psíquica humana para desintegrarlos. Al agruparse en un tejado, Valeria comprende que los monstruos ignoran a los necrones y la persiguen únicamente a ella por poseer un alma, por lo que Trazyn le ordena activar su limitador psíquico, haciendo que las criaturas pierdan el interés y se retiren inmediatamente.
Al examinar uno de los atacantes caídos, Phillias le retira la piel podrida del rostro y descubre que se trata de la máscara mortuoria de un necrón. Orikan realiza una autopsia al cráneo y la columna vertebral del cadáver, concluyendo de manera científica que no se trata de una posesión ni de una corrupción disforme, sino de una colonización superficial del parásito sobre el metal que no afecta sus vías neurales. El astromante explica que estos guerreros son vasallos sin alma que fueron abandonados hace sesenta millones de años para proteger los límites de la ciudad y que, sin mantenimiento, se han deteriorado de forma severa erosionando las rocas con sus pasos cíclicos. El Maestro de Caza reaparece para informar que quedó atrapado temporalmente en su calabozo debido a la inestabilidad dimensional de la zona, lo cual Trazyn comprueba alarmado al intentar usar su propio bolsillo subespacial y descubrir que sus capacidades de almacenamiento físico han quedado bloqueadas.
El grupo detecta una enorme procesión de miles de necrones marchando en un ciclo repetitivo de espirales por las calles de la ciudad muerta. Al analizar el canto zumbante y la estructura de un colosal altar rodante arrastrado por necroguardias cubiertos de verdín, Trazyn descifra los códigos acústicos deteriorados y demuestra que corresponden a un antiguo ritual funerario necrontyr para un monarca fallecido. El arqueovista concluye que el cortejo marcha sin fin para honrar a un monarca muerto en ausencia de un sucesor real, convenciéndose de que finalmente han localizado el trágico destino de su mentor, Sothka el Arcano.
Decidido a comprobar si se trata de su antiguo mentor Sothka, Orikan usa sus sensores y su canoptek para escanear el cuerpo momificado, el cual, cubierto de fluidos corruptos de la disformidad, aún registra una débil actividad cerebral, lo que indica que fue sepultado vivo. Para abrirse paso y rescatar el cuerpo, Trazyn coordina una distracción pidiendo a la inquisidora Valeria que desactive el limitador psíquico de su colgante de piedranegra. El estallido de energía psíquica atrae a una horda voraz de demonios que provoca una estampida en la ciudad, permitiendo a los necrones saltar sobre el carro fúnebre mientras Phillias y Valeria huyen a toda velocidad perdiendo el limitador en el caos.
Tras volar con el cuerpo hacia la cima de la pirámide central en medio de agrias disputas, Trazyn y Orikan derriten la coraza protectora de la momia solo para descubrir que no es Sothka, sino su teniente Razakh. Razakh, operando al límite de su energía, les revela antes de apagarse que su contingente fue sitiado por demonios de la plaga durante milenios y que se dedicaron a completar la ciudad y repetir rituales fúnebres esperando un sucesor. Trazyn utiliza un anillo-llave entregado por Razakh y el diario de la expedición para desbloquear un pasaje circular en el suelo, revelando un túnel infinito de luz lechosa. Aunque Orikan insiste en retirarse debido a la inminente llegada de los daemonios, Trazyn se niega a abandonar la búsqueda y empuja a Orikan por la espalda hacia el abismo antes de saltar tras él, justo cuando el portal se cierra y las fuerzas de la Triarca en la superficie se ven obligadas a evacuar el planeta a toda prisa regresando a Solemnace.
Atrapados en el esófago del portal de la Telaraña, Orikan y Trazyn descienden durante lo que sus cronómetros internos estiman como más de dos años, intercambiando insultos constantes mientras la realidad a su alrededor se deshilacha. Trazyn comprende que la naturaleza atemporal de la disformidad les da una oportunidad para buscar una salida y emerger aún dentro del plazo de tres días antes de que la flota de la Triarca los abandone, un tiempo que Valeria pasa inconsciente en órbita debido a que Phillias la seda con escarabajos cepomentales para proteger su límite biológico. Finalmente, la pareja de necrones se estrella a través de una anomalía en las cubiertas inferiores de una nave espacial humana inerte llamada Oportunidad de Oro. Tras una fallida confrontación donde los rifles láser de la tripulación queman la armadura de Orikan obligándolos a retroceder, ambos avanzan con sigilo por los pasillos oscuros y ensangrentados de la nave.
Durante la exploración, Trazyn activa accidentalmente una bomba melta naval y, dado que los poderes cronománticos de Orikan no funcionan en el espacio deformado, Trazyn decide saltar sobre la bomba usando uno de sus laberintos teserácticos para contener la explosión. Al avanzar, Orikan desata su ira acumulada matando brutalmente a dos sobrevivientes humanos antes de que Trazyn lo detenga mediante un pulso del cepo mental para interrogar al sargento Begovia. El militar les explica bajo el control de los escarabajos que su Campo Geller falló, que demonios rojos mataron a la tripulación y que llevan semanas ocultos intentando no hacer ruido ni derramar sangre para evitar a unos cazadores silenciosos. En ese instante, un Necrón infectado con la maldición del desollador desciende del techo, asesina a Begovia y obliga a Orikan y Trazyn a destruirlo antes de percatarse de que los humanos los confundieron con estas bestias cazadoras. Finalmente, ambos necrones alcanzan una enorme brecha en el casco y contemplan con asombro un cementerio de naves espaciales sepultadas en dunas de arena de hierro, dándose cuenta de que siguen atrapados bajo el hostil cielo de Amenthis.
Helynna Valeria experimenta un vívido sueño sobre su infancia en una nave espacial bajo alarma, donde su primo Barria la consolaba y protegía. Barria le entregó los archivos de activos y la carta de patente de la Casa Valeria antes de asegurar su cápsula de salvamento. Durante la huida, una criatura de largas extremidades y garras mutiló brutalmente a Barria ante sus ojos antes de que la cápsula fuera expulsada, dejándola sola contemplando una gota de sangre en su zapato. Valeria despierta sobresaltada de esta pesadilla debido a la ejecutora Phillias, quien le advierte que deben evacuar Amenthis de inmediato porque el planeta se adentrará nuevamente en el Torbellino. La evacuación se convierte en un violento combate donde las fuerzas necronas usan cazas para abrirse paso a través de las hordas de demonios antes de teletransportarse a la nave en órbita, dejando atrás a Trazyn y Orikan.
Mientras tanto, la grabación de Sothka revela cómo el virus del desollador diezmó a su tripulación y provocó el choque de su barcaza tras la transformación de su teniente Djedona. Trazyn y Orikan, tras semanas caminando por el hostil desierto de dunas de hierro, localizan dicho pecio. Durante el deambular, ambos debaten sobre si la maldición del desollador es de origen genético o ambiental, y Orikan detalla los límites y el costo mental de su cronomancia. Aprovechando una inminente tormenta de polvo, los dos se coordinan para atacar a los desolladores que rodean la barcaza, permitiendo que Orikan use nanoescarabajos para reparar el reactor dañado mientras Trazyn los defiende. Orikan logra pilotar con éxito la dañada nave a baja altura en medio de la tormenta hasta que visualizan la gigantesca muralla de la fortaleza sitiada por una inmensa horda.
La barcaza se estrella contra una brecha en las defensas exteriores de la fortaleza debido a una falla en el propulsor y el reactor. Al recuperar el conocimiento, Trazyn y Orikan se encuentran desarmados y capturados en una cámara ante un tribunal de destructores extremadamente degenerados. Para su sorpresa, el comandante designado por Sothka es un duplicado del propio Trazyn que ha sucumbido a la locura de los destructores y cree ser el Rey Silente. Al ser amenazados con ser desmantelados o forzados a combatir perpetuamente, Orikan engaña al rey destructor ofreciéndole la caja teseráctica que contiene la bomba melta activada previamente por Trazyn. La consecuente detonación destruye a gran parte de la corte enemiga y les permite huir hacia la puerta de acceso al núcleo.
En Solemnace, la ejecutora Phillias convoca a un consejo de visires, crypteks y fuerzas de seguridad para declarar oficialmente que Trazyn se ha perdido para siempre tras la expedición a Amenthis. Phillias aprovecha la situación para realizar una anulación dinástica y autonombrarse regente del planeta en nombre del Rey Silente, imponiendo su autoridad mediante praetorianos armados. De inmediato, la nueva regente ordena detener todo el trabajo de las galerías, retirar las tropas y catalogar todas las exhibiciones de Solemnace. Valeria, mantenida como prisionera, es asignada por la ejecutora para catalogar todos los artefactos humanos a bordo de la nave de Trazyn como parte de este estricto control administrativo.
Acto Tres
Helynna Valeria se encuentra a bordo de la nave de Trazyn, dándose cuenta de que la tarea aparentemente interminable de catalogar los objetos humanos que le encomendó la ejecutora Phillias es una estrategia para mantenerla alejada del poder político. Mientras recorre las oscuras galerías, Valeria descubre que el antiguo visir Sannet la está siguiendo. Sannet, castigado por Trazyn con el glifo de la prohibición, es invisible e inaudible para los demás necrones, pero no para ella. Sannet le confiesa su arrepentimiento por haber llamado a la Triarca, ya que Phillias ha usurpado el control y planea declarar muerto a Trazyn en un apresurado funeral para apoderarse definitivamente de Solemnace. Para intentar frustrar la toma de poder, Sannet le entrega a Valeria una baliza antigua oculta para que la introduzca en la ceremonia funeraria y permita que Trazyn, si sigue con vida, evite el bloqueo orbital de las naves pretorianas.
Paralelamente, Trazyn y Orikan cruzan el inestable portal y emergen en Shuyet, un asombroso oasis escondido en el núcleo del planeta Amenthis. Allí son recibidos por Sothka el Arcano y su teniente Kissh, quienes se muestran tal como eran antes de la biotransferencia. Sothka los conduce en una barcaza flotante a través de un valle de montañas cubiertas de nieve y campos donde los necrones trabajan la tierra pacíficamente sin armas. Sothka les muestra el monasterio de Shuyet y el Caldero de las Almas, un artefacto que supuestamente filtra la energía espiritual del inmaterium para recolectar y devolver las almas de los necrontyr a sus cuerpos metálicos.
Orikan acompaña a Kissh a su laboratorio, donde observa experimentos con necrones colonizados y criaturas de la disformidad hambrientas. Durante la conversación, Kissh afirma que Sothka se sometió a un ritual para imbuir el empíreo en su flujo central, lo que reescribió su algoritmo de personalidad para hacerlo actuar como si tuviera un alma. Sin embargo, Orikan descubre que esta versión de Kissh es un impostor cuando ella no muestra sorpresa ante el regreso del Rey Silente, desconoce términos del idioma necrontyr y comete un error geográfico sobre su antiguo templo de entrenamiento. Al ser descubierta, la marioneta de Kissh se deshace y se revela como Pestamutadis, el Observador, un enorme demonio lleno de ojos y tentáculos que sirve al Arkifane. Esta entidad inmoviliza a Orikan y comienza a taladrar su cráneo para extraer de sus bancos de memoria los códigos y coordenadas de Solemnace.
Para resistir, Orikan se retira profundamente en su palacio mental, viajando a través de recuerdos de su juventud en el eremitorio de Rithcairn y la biblioteca de Kasnos, hasta llegar a su torre en Mandragora. En este refugio mental se topa con su propio yo del futuro, un espectro de tres brazos que regresó desde el fin de los tiempos para advertirle que el verdadero plan del demonio no es capturar a Trazyn, sino apoderarse de la valiosa e infinita colección de Solemnace para convertirla en un laboratorio de experimentación. Es en este momento de introspección donde Orikan comprende que Shuyet no es un vacío sin tiempo, sino un nexo temporal donde todas las líneas convergen, revelando que el presente es el único momento real para alterar el destino.
Al mismo tiempo, Sothka debilita la voluntad de Trazyn apelando a la nostalgia de su infancia, recordándole su curiosidad de niño, un frasco con criaturas excavadoras de arena y una delicada concha marina púrpura que se rompió al caer al suelo. Trazyn, vulnerable ante la promesa de recuperar su alma y volver a experimentar emociones reales, se acuesta en el altar y desactiva sus salvaguardas internas para entregar ritualmente su obliterador empático. Justo cuando la niebla del Caldero de las Almas lo envuelve y Sothka le exige la entrega definitiva de su cartucho de mando de Solemnace, el algoritmo espiritual de Orikan irrumpe en la mente de Trazyn. Orikan le advierte que Sothka es un fraude manipulado por el demonio para arrebatarle el control planetario, y le asegura que, a pesar de estar rotos e imperfectos, su existencia actual es suficiente y no necesita ser reparada entregando su identidad.
Convencido por las palabras de su eterno rival, Trazyn decide no entregar el dispositivo de mando y, en su lugar, lo aplasta con su propia mano, destruyendo así la ilusión psíquica que sostenía el falso paraíso de Shuyet. El entorno idílico se desvanece de inmediato para revelar una pirámide en ruinas y un templo cubierto de moho, mostrando la verdadera naturaleza decrépita del lugar. Sothka es expuesto como una reliquia deteriorada y sin mantenimiento, cuya supuesta alma no era más que una autoilusión alimentada por las proyecciones del demonio. Cuando Orikan proyecta un holograma que le muestra su verdadero rostro oxidado y cubierto de lágrimas de aceite, Sothka huye despavorido hacia el patio ocultando su cara. Trazyn y Orikan, habiendo roto su conexión con el impostor pero habiendo salvado su alianza, se preparan para enfrentar al daemonio y buscar una salida de regreso a Solemnace a través del portal de energía del Caldero.
Tras cruzar el portal del Caldero de Almas, Trazyn y Orikan son arrojados a través de una grieta inestable que los deposita en el puente de mando de una nave t’au. Trazyn intenta evitar el conflicto mostrando un disco diplomático de amistad t’au mientras los guerreros alienígenas los apuntan con sus armas. Sin embargo, las entidades demoníacas irrumpen de inmediato a través del portal y desatan el caos en la sala de mando. Orikan identifica un portal repetidor justo al otro lado del visor de cristal de la nave, por lo que Trazyn rompe el cristal con su mazo y ambos se lanzan al vacío espacial para cruzarlo. El portal los traslada al planeta Cadia en el año 999.M41, justo en el momento en que una Fortaleza de Piedranegra se precipita contra la superficie. Acorralados por hordas demoníacas entre las trincheras, Orikan y Trazyn corren hacia un nuevo portal repetidor ubicado sobre una pila de cráneos humanos y lo cruzan segundos antes del impacto destructivo.
Al emerger en la Biblioteca Negra, Trazyn comienza a saquear gemas del conocimiento de un árbol ancestral, desatando la intervención hostil de los arlequines aeldari. Orikan obliga a Trazyn a soltar los artefactos robados y ambos escapan por otro portal mientras los aeldari combaten contra las fuerzas del Caos que los perseguían. El siguiente salto los lleva al pasado en Bekyra durante el Consejo Despierto, donde observan a Phillias combatiendo a los demonios antes de escabullirse hacia un nuevo portal sin ser detectados. Finalmente, Orikan logra sintonizar la firma temporal para llegar a Solemnace, apareciendo en la galería de primer contacto. Allí escuchan la Proclama General de Lady Phillias declarando la muerte legal de Trazyn para apoderarse del planeta, por lo que Trazyn se prepara para transferir su conciencia a la red mientras Orikan se queda a contener el avance demoníaco.
En la cámara de audiencias de Solemnace, Phillias encabeza la ceremonia funeraria de Trazyn rodeada de funcionarios y prisioneros destinados al sacrificio ritual. Al retirar el cartucho de mando del cuerpo falso en el sarcófago y proclamarse regente, la tapa del ataúd explota y Trazyn reasume su cuerpo físico ante el asombro general. Trazyn cancela de inmediato los sacrificios, toma el control del planeta y exige a Phillias que abandone su trono para organizar la defensa contra la invasión demoníaca.
Trazyn otorga acceso de mando a la inquisidora Valeria para que despierte a las tropas humanas de la galería, como los Tigres del Desierto de Tallarn y Cadianos, organizando una fuerza mecanizada en Chimeras, mientras envía al Maestro de Caza a rescatar a Orikan. Orikan resiste en la galería de primer contacto contra los demonios hasta ser evacuado por Maestro de Caza, bloqueando el corredor de las estatuas tras derribar la escultura de un primarca imperial. La batalla final en Solemnace se desata con la masa de escarabajos de mantenimiento, los tanques humanos de Valeria y los praetorianos de Phillias. Cuando Pestamutadis irrumpe, Orikan utiliza su cronomancia para encauzar la energía de la cronesword y liberar al fragmento del dios estelar Mephet’ran el Embaucador, que devora y destruye al demonio en el portal.
Tras la victoria, Trazyn encuentra a Sothka moribundo en el corredor y este pide conservar su ilusión antes de apagarse para siempre. Valeria aprovecha el caos para huir en una nave shade runner con la baronesa Asanya, pero la corsaria aeldari descubre en la mente de Valeria la existencia de la cronesword y la toma prisionera para obligarla a recuperarla. Trazyn perdona a Sannet con el orbe de resurrección y lo nombra oficialmente regente de Solemnace. Siete años más tarde, Phillias visita a Trazyn para transmitirle la orden del Rey Silente de capturar a Orikan por su participación en la rebelión de la Dinastía Sautekh.